La Nouvelle vague.
A principios de los años 60, una joven generación de cineastas renovó el 7º arte francés. Realismo, proximidad, papel central del director son los valores de esta Nouvelle Vague.
1959: mientras Francia se recupera lentamente de la Segunda Guerra Mundial, su juventud aspira a un mundo nuevo. Es el momento del New-Look del diseñador Christian Dior, del Nouveau Roman en literatura, de la Nouvelle Vague en cine. Fue Françoise Giroud, periodista del Express, quien acuñó el término de “Nouvelle Vague” por primera vez en una investigación sociológica sobre los fenómenos generacionales.
En los años 50, un grupo de jóvenes descubre los cineclubs, las películas de Hollywood que no pudieron ver durante la Ocupación. Admiradores de lo escrito, algunos formalizan sus reflexiones en "Les Cahiers du Cinéma". François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol o Eric Rohmer, aunque no son cineastas emblemáticos del movimiento reflexionan sobre la imagen. Denuncian la pesadez del estilo cinematográfico francés que sigue reinando como antes de los 40. Para ellos, es necesario salir de los estudios y acercarse a la gente tanto con las historias narradas como con la forma de filmarlas y darle más valor al director, puesto que lo consideran el autor de la película.
Estas reflexiones les conducen a coger la cámara. En 1959, Chabrol dirige “Los primos”, Godard "Al final de la escapada" y Truffaut "Los 400 golpes". La fama conseguida por este último en el festival de Cannes durante el año 59 lanzó la Nouvelle Vague. Ésta terminaría extinguiéndose a finales de los 60 a medida que el periodo fue politizándose y que sus cineastas tomaron rumbos diferentes, sin dejar de seguir inspirando a un gran número de cineastas como aquellos del "Nuevo Hollywood" de los años 70.
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